¿Cuáles han sido los beneficios que el ser humano ha extraído del uso de la ciencia
y de los instrumentos que su investigación ha dado como fruto?
Vannevar Bush, “Como podríamos pensar”, 1945.
y de los instrumentos que su investigación ha dado como fruto?
Vannevar Bush, “Como podríamos pensar”, 1945.
Según la psicología, cualquier comportamiento repetido regularmente, que requiere de un pequeño o ningún raciocinio y es aprendido, llamase un hábito. Y fue precisamente esas costumbres y reglas, repetidas una y otra vez, las responsables por el acumulo de saberes que, de modo natural y evolutivo, resultó en el primer grande salto de las sociedades: la revolución neolítica. La vida sedentaria del hombre, resultado del desarrollo de la agricultura y del ganado, han posibilitado el posterior surgimiento de las ciudades, del comercio, etc… Pero, de esta parte de la historia, donde todavía no existía método, ciencia, ni la escrita, nos quedamos con saberes que ya perduran más de 10.000 años: que el ser humano necesita plantar, sembrar, regar y cosechar para siempre tener alimento. Es cierto que la industria alimentaria nos suministra con enlatados y puede que en un futuro sobrevivamos sólo con eso, pero por ahora la agricultura, mismo con todos sus avances, mantiene sus principios originales.
¿No es curioso pensar que, mismo con todo el desarrollo de la ciencia y de la tecnología, el hombre sigue necesitando de la tierra para sacar su comida? La sabiduría heredada de las sociedades primitivas, que, según Ortega, no sabían que podían inventar, ignorando incluso su propia técnica, es solamente un ejemplo del planteamiento, en mi opinión, más importante de esta unidad: a cada día conocemos más, pero los saberes son los mismos desde hace siglos.
El descubrimiento del método en el siglo XVII y la revelación de que podríamos descubrir todo es la clave de la ciencia moderna. Eso, sumado a los recursos, forman el dúo capaz de hacer avanzar a los inventos y innovaciones. Innovaciones que, después de concentrarse en aumentar la capacidad física del hombre, ahora, con las ciencias de la información y del conocimiento, empiezan a buscar el incremento de nuestra capacidad intelectual. ¿Podríamos afirmar que el progreso de los conocimientos es el gran salto de la humanidad?
¿No es curioso pensar que, mismo con todo el desarrollo de la ciencia y de la tecnología, el hombre sigue necesitando de la tierra para sacar su comida? La sabiduría heredada de las sociedades primitivas, que, según Ortega, no sabían que podían inventar, ignorando incluso su propia técnica, es solamente un ejemplo del planteamiento, en mi opinión, más importante de esta unidad: a cada día conocemos más, pero los saberes son los mismos desde hace siglos.
El descubrimiento del método en el siglo XVII y la revelación de que podríamos descubrir todo es la clave de la ciencia moderna. Eso, sumado a los recursos, forman el dúo capaz de hacer avanzar a los inventos y innovaciones. Innovaciones que, después de concentrarse en aumentar la capacidad física del hombre, ahora, con las ciencias de la información y del conocimiento, empiezan a buscar el incremento de nuestra capacidad intelectual. ¿Podríamos afirmar que el progreso de los conocimientos es el gran salto de la humanidad?
“Durante años, las invenciones de la humanidad han servido
para aumentar el poder físico de las personas y no su poder mental”.
Vannevar Bush, “Como podríamos pensar”, 1945.
para aumentar el poder físico de las personas y no su poder mental”.
Vannevar Bush, “Como podríamos pensar”, 1945.
Las ciencias – y hablo en el plural para hacer una referencia a la interdisciplinariedad discutida por Pablo González Casanova en su libro “Las nuevas ciencias y la humanidad” - han aumentado el control del hombre sobre el entorno material. Han mejorado su comida, su vestimenta, su hogar, aumentó la seguridad, le han proporcionado un creciente conocimiento de sus propios procesos biológicos, de modo que lo han ido liberando progresivamente de la enfermedad y han aumentado su esperanza de vida. Al mismo tiempo, han arrojado luz sobre las interacciones de sus funciones psíquicas y fisiológicas, otorgándole la promesa de una mayor salud mental. Las ciencias han proporcionado al ser humano formas veloces de comunicación entre personas, le han permitido el almacenamiento de las ideas y le han otorgado la posibilidad de manipular este archivo y extraer de él ideas, de modo que el conocimiento evolucione y perdure a lo largo de toda la existencia del género humano, y no sólo de la vida de sus componentes individuales .
Hoy nos suena simples y hasta obvio pensar que, para que todos estos avances fuesen llevados a cabo, fue necesario un proyecto, una metodología, hacer pruebas, investigar, comparar resultados, en fin, aplicar una técnica. Pero cuando Decartes reveló al mundo su método deductivo, estaba poniendo en marcha una revolución sin precedentes. Era el nacimiento de la ciencia moderna y de la posibilidad del hombre descubrir todo: saber que se puede inventar antes mismo que inventar.
Naturalmente, la técnica se extendió a la industria y a la producción, y el resultado fue la revolución industrial y la “popularización” de la ciencia: las universidades, las empresas, los gobiernos, todos pasaron a tener su departamento de investigación. Cuando la humanidad se dio cuenta de que con saber manejar el procedimiento adecuado no hacia falta ser un genio, la ciencia se puso al alcance de todos.
Hoy nos suena simples y hasta obvio pensar que, para que todos estos avances fuesen llevados a cabo, fue necesario un proyecto, una metodología, hacer pruebas, investigar, comparar resultados, en fin, aplicar una técnica. Pero cuando Decartes reveló al mundo su método deductivo, estaba poniendo en marcha una revolución sin precedentes. Era el nacimiento de la ciencia moderna y de la posibilidad del hombre descubrir todo: saber que se puede inventar antes mismo que inventar.
Naturalmente, la técnica se extendió a la industria y a la producción, y el resultado fue la revolución industrial y la “popularización” de la ciencia: las universidades, las empresas, los gobiernos, todos pasaron a tener su departamento de investigación. Cuando la humanidad se dio cuenta de que con saber manejar el procedimiento adecuado no hacia falta ser un genio, la ciencia se puso al alcance de todos.
“El método casi que iguala los ingenios y los entendimientos”.
Bacon
Bacon
Consecuentemente, la ciencia vivió un periodo de intensas descubiertas y su camino se volvió ascendente y progresivo. Y el conocimiento se fue acumulando y cada nueva generación de científicos fue afirmando o denegando las descubiertas de los estudiosos que los precedieron. Con eso, los propios tecnocientíficos evolucionaron, utilizándose de las tecnologías anteriormente creadas. Antes, los estudiosos tenían, ellos mismos, que hacer los cálculos matemáticos de sus estudios - hoy, los hacen las maquinas. Nuevos científicos están surgiendo, como era de se esperar, para dar abasto a las necesidades de la postmodernidad: coolhunters, los que estudian el genoma humano, los nanotecnólogos, etc.
“Si llegué a ver tan lejos, es porque pude alzarme a hombros de gigantes”.
Newton.
Newton.
Es como afirma Halbwachs, en su teoría de la memoria : el hombre no puede ser entendido como un ente aislado. Los recuerdos, los archivos, las experiencias de los demás, todo eso actúa en nuestra memoria y evoca el carácter intrínsecamente social del ser humano y de su mentalidad. Incluso el lenguaje tiene un perfil colectivo: es imposible pensar en un lenguaje privado, su juego y sus reglas pertenecen al conjunto y nunca a un individuo solo . Lo que uno dice sólo tiene lógica y sentido en la medida que represente un estado de cosas comprensibles para los demás.
Según el profesor Emilio Lamo Espinosa , las consecuencias de ese acumulo de información y conocimientos y del crecimiento exponencial de las descubiertas científicas y innovaciones tecnológicas, son igualmente gigantescas: en el ámbito de la producción, en sólo un año del siglo XX son publicados más libros que en todo el siglo XVII. En relación a la incidencia social, asistimos a una impresionante disminución del tiempo de impregnación social de las nuevas tecnologías, a ejemplo del I-Phone, el móvil de Apple: en apenas dos años desde su lanzamiento, fueron vendidas más de 37 millones de unidades. Cuando hablamos de distribución, percibimos que el caudal de conocimiento para que uno pueda adaptarse a la nueva realidad tiene que ser inmenso, y eso ha alargado la escolarización y la especialización. Esa es la lógica de la ciencia.
Según el profesor Emilio Lamo Espinosa , las consecuencias de ese acumulo de información y conocimientos y del crecimiento exponencial de las descubiertas científicas y innovaciones tecnológicas, son igualmente gigantescas: en el ámbito de la producción, en sólo un año del siglo XX son publicados más libros que en todo el siglo XVII. En relación a la incidencia social, asistimos a una impresionante disminución del tiempo de impregnación social de las nuevas tecnologías, a ejemplo del I-Phone, el móvil de Apple: en apenas dos años desde su lanzamiento, fueron vendidas más de 37 millones de unidades. Cuando hablamos de distribución, percibimos que el caudal de conocimiento para que uno pueda adaptarse a la nueva realidad tiene que ser inmenso, y eso ha alargado la escolarización y la especialización. Esa es la lógica de la ciencia.
LAS DIMENSIONES DE LA CIENCIA
Para entender mejor la ciencia moderna y la manera como ella se desarrolló y pasó a hacer parte de nuestra vida de una manera tan intrínseca, es importante conocer sus tres dimensiones:
* Recursos: como acontece en una fábrica, la ciencia necesita de recursos, inputs, para ser producida: inversión, nuevos datos, nuevas ideas.
* Flujo: a partir de los recursos, es generado un flujo de ideas, conocimientos, experimentos, en fin, de ciencia.
* Stock: Al final, ese flujo se va acumulando, generando un stock creciente de conocimiento y ciencia.
O sea, la ciencia es producida, se acumula y es distribuida. Para eso, necesita de recursos. Gracias a ellos, la ciencia se convirtió en una práctica de trabajadores, pasó a ser ampliamente intercambiada y hizo con que la información se transformase en un bien libre y cada vez más barato. Si la energía fue el muelle propulsor de la revolución industrial, la información tornó posible la sociedad del conocimiento.
¿Y que viene a ser, pues, la sociedad del conocimiento? Una vez más nos cuestionamos acerca de un concepto tan discutido y que da tantas vueltas. ¿Cómo funciona la economía y la política de esta nueva organización social? ¿Cómo la propia sociedad absorbe su nuevo modelo y se retroalimenta? ¿Al final, Sociedad del conocimiento o de la información?
La economía del conocimiento no produce bienes tangibles: produce ideas. Eso no tiene precio. Para que hagámonos una idea, solamente el 20% de los costes de la ciencia del conocimiento está relacionado con la producción. Los 80% restantes son referentes a patentes, ideas, marketing, distribución. Hoy la referencia es la Microsoft, contra la General Motors de hace algunas décadas.
Con eso, las empresas pasan a valer no por su patrimonio físico, sino por su capacidad de generar conocimientos. Y para eso no hay límite. La propia ciencia creó formas para “auto liberarse”, poniéndose al alcance de todos. La ciencia forjó un proceso de eliminación de las fronteras, de mezcla de las culturas, de comunión de los espacios, poniendo la sociedad mundial como un todo funcionando en tiempo real. Todos podemos tener acceso a toda la información del mundo. Todos podemos crear y hacer ciencia. Más allá de eso, vivimos en una civilización que se auto analiza constantemente, a través de investigaciones y censos, forzándonos a pensar y repensar nuestros actos. En este gesto de autoconfrontación percibimos la dimensión moderna de nuestra sociedad, caracterizada básicamente por el ejercicio de la autocrítica . No hay espacio para la utopia.
La evolución de las sociedades nos enseñó que lo importante no es la tecnología en ella misma, sino que el impacto de su producción sistemática para la civilización. Las TIC nos llevaron al Olimpo del Conocimiento, pero la verdad es que no sabemos que hacer con tanta información. La cantidad de publicaciones, artículos, ensayos han sobrepasado los límites de nuestra capacidad de hacer uso de los datos que contienen. Al final, si no sabemos lo que buscar, lo que leer, nos quedamos sin nada, es como si no tuviésemos todo eso a nuestra disposición. De ahí que, actualmente, la selección se haya convertido en la acción de mayor importancia de nuestra sociedad. La información hoy es barata y accesible, lo caro, lo valioso, es el conocimiento, es seleccionar lo importante y necesario en medio a 500.000.000 de páginas Web.
* Recursos: como acontece en una fábrica, la ciencia necesita de recursos, inputs, para ser producida: inversión, nuevos datos, nuevas ideas.
* Flujo: a partir de los recursos, es generado un flujo de ideas, conocimientos, experimentos, en fin, de ciencia.
* Stock: Al final, ese flujo se va acumulando, generando un stock creciente de conocimiento y ciencia.
O sea, la ciencia es producida, se acumula y es distribuida. Para eso, necesita de recursos. Gracias a ellos, la ciencia se convirtió en una práctica de trabajadores, pasó a ser ampliamente intercambiada y hizo con que la información se transformase en un bien libre y cada vez más barato. Si la energía fue el muelle propulsor de la revolución industrial, la información tornó posible la sociedad del conocimiento.
¿Y que viene a ser, pues, la sociedad del conocimiento? Una vez más nos cuestionamos acerca de un concepto tan discutido y que da tantas vueltas. ¿Cómo funciona la economía y la política de esta nueva organización social? ¿Cómo la propia sociedad absorbe su nuevo modelo y se retroalimenta? ¿Al final, Sociedad del conocimiento o de la información?
La economía del conocimiento no produce bienes tangibles: produce ideas. Eso no tiene precio. Para que hagámonos una idea, solamente el 20% de los costes de la ciencia del conocimiento está relacionado con la producción. Los 80% restantes son referentes a patentes, ideas, marketing, distribución. Hoy la referencia es la Microsoft, contra la General Motors de hace algunas décadas.
Con eso, las empresas pasan a valer no por su patrimonio físico, sino por su capacidad de generar conocimientos. Y para eso no hay límite. La propia ciencia creó formas para “auto liberarse”, poniéndose al alcance de todos. La ciencia forjó un proceso de eliminación de las fronteras, de mezcla de las culturas, de comunión de los espacios, poniendo la sociedad mundial como un todo funcionando en tiempo real. Todos podemos tener acceso a toda la información del mundo. Todos podemos crear y hacer ciencia. Más allá de eso, vivimos en una civilización que se auto analiza constantemente, a través de investigaciones y censos, forzándonos a pensar y repensar nuestros actos. En este gesto de autoconfrontación percibimos la dimensión moderna de nuestra sociedad, caracterizada básicamente por el ejercicio de la autocrítica . No hay espacio para la utopia.
La evolución de las sociedades nos enseñó que lo importante no es la tecnología en ella misma, sino que el impacto de su producción sistemática para la civilización. Las TIC nos llevaron al Olimpo del Conocimiento, pero la verdad es que no sabemos que hacer con tanta información. La cantidad de publicaciones, artículos, ensayos han sobrepasado los límites de nuestra capacidad de hacer uso de los datos que contienen. Al final, si no sabemos lo que buscar, lo que leer, nos quedamos sin nada, es como si no tuviésemos todo eso a nuestra disposición. De ahí que, actualmente, la selección se haya convertido en la acción de mayor importancia de nuestra sociedad. La información hoy es barata y accesible, lo caro, lo valioso, es el conocimiento, es seleccionar lo importante y necesario en medio a 500.000.000 de páginas Web.
¿Dónde esta la sabiduría que hemos perdido en el conocimiento?
¿Y donde está en conocimiento que hemos perdido con la información?
T.S. Elliot
¿Y donde está en conocimiento que hemos perdido con la información?
T.S. Elliot
No obstante, nuestro “saber” no ha evolucionado a la misma velocidad que nuestro “conocer”. Y, seguramente, uno nunca llegará a alcanzar el otro, puesto que la velocidad de producción del conocimiento sólo pierde para la de producción de información. Estamos presenciando la formación de islotes de sabiduría en medio a un mar de ignorancia, como ya observaba Kant. ¿Si hubiésemos progresado en sabiduría todavía creeríamos en las palabras que un Mesías profesó hace más de 2000 años? Los textos de Jesús siguen siendo la basis moral de las decisiones de las sociedades actuales.
Así que, después de vencer la barrera del acceso a la información, nos hallamos con otro problema: que hacer con lo que sabemos. Mejor dicho, ¿qué debemos hacer? ¿qué merece ser hecho? Podemos clonar un ser humano, pero ¿debemos hacerlo? El conocimiento - lo que podemos hacer - que actualmente tiene tanto valor, poco a poco se vuelve menos importante, a la vez que la sabiduría se torna más rara. ¿Simples acumulación de capital intelectual y títulos universitarios? ¿No estamos demasiado expertos, a punto de saber cada vez más acerca de menos cosas?
El resultado es que sabemos producir ciencia, pero muchas veces no sabemos lo que produce esa ciencia: si el aerosol destruye la camada de ozono o si las redes wi-fi y la telefonía móvil son perjudiciales a la salud. Como bien dijo Goya, “el Sueño de la Razón acaba por producir monstruos” – con eso, crece el recelo hacía la ciencia, se confirma el mito de Frankstein y del medo de las consecuencias de la actuación de la ciencia. ¿En que momento surgen estos “monstruos”? ¿Dónde está la razón de la ciencia cuando ella pierde el control sobre sus propias consecuencias? ¿Será la ciencia la única fuente de saber válida? Creer en eso hace con que liquidemos la posibilidad de otro saber, extinguiendo la poca sabiduría que todavía disponemos.
Con eso, ignoramos lo que no sabemos por no nos preocuparnos en saber lo que no nos interesa. Puesto que la ciencia es el conjunto de respuestas para las preguntas concretas que hacemos, si no se formulan esas cuestiones, tampoco sabremos la réplica. Y todavía hay tanto por saber, pero, como comentamos anteriormente, si el hombre no ampliar su mirada hacia otras fuentes de sabiduría, que no solamente la ciencia, llegaremos a un punto que las nuevas descubiertas ya no tendrán sentido o lógica, puesto que no sabremos que hacer con ellas.
Estamos, además, delante de una lucha teórica: para las ciencias conservadoras, cualquier iniciativa que no contribuya a afirmar el sistema hegemónico es ignorada o descalificada. Las “verdades” y elaboraciones teóricas, tal cual afirma González Casanova, aparecen desde las posiciones que el investigador guarda en los grupos sociales y en el sistema de los intereses .
LA CIENCIA Y LA CULTURA
Por lo que hemos visto hasta ahora, queda claro el papel y la importancia de la ciencia en nuestra sociedad: tratase de su nuevo modo espontáneo de pensar. Vivimos ciencia y ella es parte de nuestra cultura. Más aún, estamos hablando de una cultura de la ciencia en la era hipermoderna (¿o sería transmoderna ?).
La omnipresencia de las TIC’s (aunque no se pueda reducir el impacto social de la ciencia a las TIC, puesto que hay ciencia en la sanidad, en la física nuclear, etc) hace con que los conocimientos se difundan y mezclen cada vez, convirtiendo la ciencia en una especie de cultura universal, crítica y alternativa . Pierre Lévy llamó esa nueva red de significados de “cibercultura” . En ella, además del cambio de contenidos y saberes, vivenciamos una mudanza, quizás, aún más impactante: la de la forma de presentarla. En esa nueva realidad, los usuarios son los protagonistas del cambio, la ciudadanía participativa se muestra ajena a las decisiones de las élites.
En este punto, podríamos reflexionar acerca de una (entre tantas) contradicciones de la ciencia: “no sabemos lo que no sabemos”, puesto que la ciencia sólo busca respuestas para las preguntas que plantea, que son las que interesan a los que detienen el poder. Por otro lado, vivimos una época de libertad científica, de total pluralidad de escenarios. La cibercultura ha desvanecido la idea de un etnocentrismo hegemónico o de una “aristocracia” clasista excluyente , permitiendo que diversas regiones del mundo y clases sociales hayan conquistado su derecho a la palabra. Tratase del dilema del uso de la razón: en la actualidad ¿él es público o privado? ¿El conocimiento viene de una pequeña élite o es de todos para todos?
Lo que está claro es que el cambio es la regla: nada es sagrado, nada es seguro, todo esta sometido a criticas, reformas, mudanzas. La globalización no respecta las fronteras, provocando la total desterritorialización. Ciudadanos del mundo. El politeísmo moderno venera diversos dioses y divinidades, haciendo con que tengamos muchas creencias y no acreditemos verdaderamente en nada . El poder sale de las manos de Dios para las de los individuos – quien detiene el poder sobre la vida y de la muerte es el médico. ¿Llegaremos a un punto en que ya no veneraremos nada?
El cambiar por cambiar pasa a ser el rasgo más sobresaliente de nuestra sociedad. Cambiamos de religión, de ideología, de pareja, de coche, de ocupación y de ropa a la misma velocidad. Las personas duran mucho más que todas las otras cosas. Una radio AM-FM que fue del abuelo tendrá la misma (o mayor) vida útil que cualquier notebook. A lo mejor de ahí viene ese culto al vintage, al antiguo - una iniciativa, justamente, de la ala moderna y vanguardista de la sociedad. Suena curioso, pero los progresistas de hoy son los que luchan por la conservación: del medio ambiente, de las culturas, de los idiomas (¿seria una lucha por el bien común? ¿La innovación estaría, por lo tanto, en desacuerdo con el bienestar social?). Cuando el cambio es el orden, los conservadores (hombres del orden) son los que buscan la innovación – y el dinero.
La expansión del conocimiento ha sido la palanca para esa transgresión de fronteras y limites – Plus Ultra, Siempre más allá. Así, la continua demanda de la ciencia por el nuevo y el hecho de estar siempre abierta a revisiones resultó en esta cultura del cambio. Para mantener el orden es necesario mantener la ideología de que debemos siempre mudar. Y esa eterna búsqueda por el nuevo hace con que, a lo mejor, nunca nos centremos en saber realmente, en tener un conocimiento profundo y completo acerca de algún tema – incluso porque las mudanzas constantes no permiten que ningún asunto se agote o llegue a su saber supremo. Y esa es la lógica y la paradoja de la ciencia: la ilustración humana nos hace a todos más sapientes y más ignorantes.
Parece ser que nos quedamos sin salida. Ir en contra el orden es transgredir – y eso es seguir la norma. No podemos no ser modernos, aunque no nos guste – todo tiene tecnología, desarrollo científico. Hasta los indios, máximos representantes de la naturaleza primitiva del hombre, hoy en día tienen televisión, acceso a Internet y vaqueros. Es imposible desarrollar un trabajo intelectual de manera aislada, sin mezclarse con la sociedad, sus ordenes y su flujo de información, sin lecturas previas, sin la memoria colectiva, sin la influencia del medio. La creación carece de inspiración.
Probablemente la única innovación que nos queda es la voluntad de no innovar. Es desear resistirse, aunque, conscientemente, sabemos que eso no es posible.
Así que, después de vencer la barrera del acceso a la información, nos hallamos con otro problema: que hacer con lo que sabemos. Mejor dicho, ¿qué debemos hacer? ¿qué merece ser hecho? Podemos clonar un ser humano, pero ¿debemos hacerlo? El conocimiento - lo que podemos hacer - que actualmente tiene tanto valor, poco a poco se vuelve menos importante, a la vez que la sabiduría se torna más rara. ¿Simples acumulación de capital intelectual y títulos universitarios? ¿No estamos demasiado expertos, a punto de saber cada vez más acerca de menos cosas?
El resultado es que sabemos producir ciencia, pero muchas veces no sabemos lo que produce esa ciencia: si el aerosol destruye la camada de ozono o si las redes wi-fi y la telefonía móvil son perjudiciales a la salud. Como bien dijo Goya, “el Sueño de la Razón acaba por producir monstruos” – con eso, crece el recelo hacía la ciencia, se confirma el mito de Frankstein y del medo de las consecuencias de la actuación de la ciencia. ¿En que momento surgen estos “monstruos”? ¿Dónde está la razón de la ciencia cuando ella pierde el control sobre sus propias consecuencias? ¿Será la ciencia la única fuente de saber válida? Creer en eso hace con que liquidemos la posibilidad de otro saber, extinguiendo la poca sabiduría que todavía disponemos.
Con eso, ignoramos lo que no sabemos por no nos preocuparnos en saber lo que no nos interesa. Puesto que la ciencia es el conjunto de respuestas para las preguntas concretas que hacemos, si no se formulan esas cuestiones, tampoco sabremos la réplica. Y todavía hay tanto por saber, pero, como comentamos anteriormente, si el hombre no ampliar su mirada hacia otras fuentes de sabiduría, que no solamente la ciencia, llegaremos a un punto que las nuevas descubiertas ya no tendrán sentido o lógica, puesto que no sabremos que hacer con ellas.
Estamos, además, delante de una lucha teórica: para las ciencias conservadoras, cualquier iniciativa que no contribuya a afirmar el sistema hegemónico es ignorada o descalificada. Las “verdades” y elaboraciones teóricas, tal cual afirma González Casanova, aparecen desde las posiciones que el investigador guarda en los grupos sociales y en el sistema de los intereses .
LA CIENCIA Y LA CULTURA
Por lo que hemos visto hasta ahora, queda claro el papel y la importancia de la ciencia en nuestra sociedad: tratase de su nuevo modo espontáneo de pensar. Vivimos ciencia y ella es parte de nuestra cultura. Más aún, estamos hablando de una cultura de la ciencia en la era hipermoderna (¿o sería transmoderna ?).
La omnipresencia de las TIC’s (aunque no se pueda reducir el impacto social de la ciencia a las TIC, puesto que hay ciencia en la sanidad, en la física nuclear, etc) hace con que los conocimientos se difundan y mezclen cada vez, convirtiendo la ciencia en una especie de cultura universal, crítica y alternativa . Pierre Lévy llamó esa nueva red de significados de “cibercultura” . En ella, además del cambio de contenidos y saberes, vivenciamos una mudanza, quizás, aún más impactante: la de la forma de presentarla. En esa nueva realidad, los usuarios son los protagonistas del cambio, la ciudadanía participativa se muestra ajena a las decisiones de las élites.
En este punto, podríamos reflexionar acerca de una (entre tantas) contradicciones de la ciencia: “no sabemos lo que no sabemos”, puesto que la ciencia sólo busca respuestas para las preguntas que plantea, que son las que interesan a los que detienen el poder. Por otro lado, vivimos una época de libertad científica, de total pluralidad de escenarios. La cibercultura ha desvanecido la idea de un etnocentrismo hegemónico o de una “aristocracia” clasista excluyente , permitiendo que diversas regiones del mundo y clases sociales hayan conquistado su derecho a la palabra. Tratase del dilema del uso de la razón: en la actualidad ¿él es público o privado? ¿El conocimiento viene de una pequeña élite o es de todos para todos?
Lo que está claro es que el cambio es la regla: nada es sagrado, nada es seguro, todo esta sometido a criticas, reformas, mudanzas. La globalización no respecta las fronteras, provocando la total desterritorialización. Ciudadanos del mundo. El politeísmo moderno venera diversos dioses y divinidades, haciendo con que tengamos muchas creencias y no acreditemos verdaderamente en nada . El poder sale de las manos de Dios para las de los individuos – quien detiene el poder sobre la vida y de la muerte es el médico. ¿Llegaremos a un punto en que ya no veneraremos nada?
El cambiar por cambiar pasa a ser el rasgo más sobresaliente de nuestra sociedad. Cambiamos de religión, de ideología, de pareja, de coche, de ocupación y de ropa a la misma velocidad. Las personas duran mucho más que todas las otras cosas. Una radio AM-FM que fue del abuelo tendrá la misma (o mayor) vida útil que cualquier notebook. A lo mejor de ahí viene ese culto al vintage, al antiguo - una iniciativa, justamente, de la ala moderna y vanguardista de la sociedad. Suena curioso, pero los progresistas de hoy son los que luchan por la conservación: del medio ambiente, de las culturas, de los idiomas (¿seria una lucha por el bien común? ¿La innovación estaría, por lo tanto, en desacuerdo con el bienestar social?). Cuando el cambio es el orden, los conservadores (hombres del orden) son los que buscan la innovación – y el dinero.
La expansión del conocimiento ha sido la palanca para esa transgresión de fronteras y limites – Plus Ultra, Siempre más allá. Así, la continua demanda de la ciencia por el nuevo y el hecho de estar siempre abierta a revisiones resultó en esta cultura del cambio. Para mantener el orden es necesario mantener la ideología de que debemos siempre mudar. Y esa eterna búsqueda por el nuevo hace con que, a lo mejor, nunca nos centremos en saber realmente, en tener un conocimiento profundo y completo acerca de algún tema – incluso porque las mudanzas constantes no permiten que ningún asunto se agote o llegue a su saber supremo. Y esa es la lógica y la paradoja de la ciencia: la ilustración humana nos hace a todos más sapientes y más ignorantes.
Parece ser que nos quedamos sin salida. Ir en contra el orden es transgredir – y eso es seguir la norma. No podemos no ser modernos, aunque no nos guste – todo tiene tecnología, desarrollo científico. Hasta los indios, máximos representantes de la naturaleza primitiva del hombre, hoy en día tienen televisión, acceso a Internet y vaqueros. Es imposible desarrollar un trabajo intelectual de manera aislada, sin mezclarse con la sociedad, sus ordenes y su flujo de información, sin lecturas previas, sin la memoria colectiva, sin la influencia del medio. La creación carece de inspiración.
Probablemente la única innovación que nos queda es la voluntad de no innovar. Es desear resistirse, aunque, conscientemente, sabemos que eso no es posible.
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